Semproniana el restaurante de Ada Parellada en Barcelona

SEMPRONIANA

En 1993, Santi Alegre y yo, Ada Parellada, alquilamos un enorme local, situado en el centro del Eixample de Barcelona, que había sido la sede de una antigua y bella editorial que acababa de bajar la persiana. Sustituimos los libros por cartas, las letras, por platos, con promesas de lubina al horno, butifarra negra por un tubo, cordero agridulce y delirium tremens de chocolate. Y lo bautizamos con el nombre de Semproniana. El nombre de Semproniana ha generado curiosidad por doquier, así que vamos a desvelar su porqué.

La primera pista, unos vasos de época romana, una especie de guía Michelin avant la lettre, nos conduce a la Vía Augusta, la gran calzada que unía Cádiz con Roma cruzando longitudinalmente el prelitoral de nuestro territorio. La segunda, a un establecimiento misterioso, pues no coincide con ningún antiguo asentamiento romano; su nombre es Semproniana y se sitúa en la zona del Vallès, donde geográficamente se han encontrado bastantes vestigios romanos, pero no se han hallado restos arqueológicos de tal fonda y estación de servicio para viajeros, arreos y monturas.

A mediados del siglo XX, el historiador granollerense Josep Estrada traza una teoría con la que señala que la Semproniana estaría situada en un lugar próximo a Granollers, pero todos los historiadores de dicha ciudad rechazan su teoría, tratándolo, casi, de loco.

Cuarenta años más tarde del primer apunte del historiador Estrada, en 1982, aparece una tercera pista, en el centro de Granollers: los restos de una importante villa romana, lo que obliga, naturalmente, a modificar la historia escrita y demostrada, hasta entonces, de dicha ciudad.

Escogimos Semproniana como nombre para nuestro flamante nuevo espacio para rendir homenaje a la perseverancia de todas las personas que creen en sus ideas a pesar de no encontrar las herramientas que puedan corroborarlas a ojos de los más incrédulos.

Hoy, después de dudar, de abrir un día tras otro, vivir situaciones de todo tipo y sudar la gota gorda, podemos afirmar que el esfuerzo ha merecido la pena. Coherentes con nuestras ideas, la perseverancia ha sido la bandera de todos y cada uno de los platos que hemos cocinado en Semproniana, un local bautizado con un nombre lleno de sentido.

Los fogones continúan en marcha, cociendo lubinas, pollos, salsas para todos los gustos y un montón de ilusión y energía para seguir adelante.